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Tercer día en París

Al igual que el resto de los días las 9 era la hora en la que nos habíamos citado en la puerta del hotel. Una vez desayunados allí estabamos todos para pasar nuestro tercer día en París. Caminamos hacia la Plaza de la Opera, a continuación nos dirigimos a la Plaza Vendome, donde pudimos ver el Hotel Ritz y las tiendas de las firmas comerciales que dejan a uno sin sentido. Giramos por la Rue de Saint Honore y finalmente por la Rue de Rivoli hasta llegar a Museo del Louvre que era nuestra primera visita del día. No había colas importantes, además con nuestra Museum Pass, la entrada fue muy rápida. Ni que decir tiene que la Pirámide del Louvre supuso casi tanto para los niños que la mismísima Monna Lisa. Como alcanzábamos la categoría de grupo, dejamos las cazadoras y las bolsas en una taquilla exclusiva para nosotros, allí nos sentimos como colegiales ya que recibíamos el mismo trato que los grupos escolares.

El museo del Louvre está abierto todos los días a excepción de los martes. Está abierto de 9 a 18:00, los miércoles y los viernes cierra a las 21:45. El precio de la entrada es de 8,5 euros. Los miércoles y viernes podemos coger entradas por 6 euros a partir de las 18.00. El Louvre recibe 8 millones de visitas al año.
En el hall del museo decidimos el ritmo de visita y nos citamos en tres horas frente a la entrada Denon, el Louvre tiene tres entradas: Richelieu, Sully y Denon.
Y comenzamos nuestra visita, ¡qué puede decirse de este museo!, arte y cultura por todos lados, es tan grande la obra que contiene que a veces tienes la sensación de estar saturado. Pero los niños como unos campeones aguantando como cualquier mayor. Su idea era ver La Gioconda y eso les hacía mantenerse en vilo durante el trayecto hasta encontrarla. Desde luego dimos un pequeño rodeo hasta llegar a ella.
Cuando entras al Louvre, vas ya con la idea de que verlo todo es totalmente imposible, intentamos al menos ver lo que a nuestro juicio considerábamos de más interés:

Cultura oriental: Mesopotamia con los toros alados, situados en la planta baja del museo. Nos quedamos con las ganas de ver el Codigo de Hammurabi, estaba retirado en el momento de nuestra visita, Pintura anterior al siglo XV (El Bosco y Durero), Pintura del Renacimiento: Lonardo da Vinci con su  Gioconday la Virgen de las Rocas, Veronese,
Pintura del siglo XVII: Murillo, Rembrandt, Van Dyck, Pintura del siglo XVIII: Goya, Pintura del Siglo XIX: Delacroix con su obra “La Libertad guiando al pueblo”, Escultura: La Victoria de Samotracia, la Venus de Milo, el Escriba sentado

Vimos también los bajos del museo donde se encuentran los restos de los antiguos cimientos del museo. Está en la zona medieval. Es que el Louvre antes de ser el Palacio que es hoy en día, en su tiempo era una fortaleza y sobre esa fortaleza se construyo el Palacio. En tiempos de Carlos V, Francisco I, Enrique II y Enrique IV era residencia real junto a sus colecciones pictóricas,  de hecho La Gioconda fue adquirida por Francisco I. Pero cuando se construyo el Palacio de Versalles, la familia real cambió una residencia por otra.
A la hora convenida nos juntamos todos frente a la entrada Denon. Ya nos íbamos, cuando alguien de la expedición se percató que faltaba algo por ver: la pirámide invertida. De nuevo el Código da Vinci hacía acto de presencia. Algunos pensamos que como tal esa pirámide no existe y solo es fruto de la imaginación de Dan Brown, pero cuando un niño dice algo sabe perfectamente lo que dice y efectivamente ahí estaba. Misión cumplida. Habían pasado unas cuantas horas de pie que cansa más que caminar continuo y la hora de comer se acercaba, había que comer. Salimos del Museo y frente a nosotros se encontraban los Jardines de las Tullerias, que mejor lugar para comer, dicho y hecho, mientras nos imaginábamos a los monarcas cazando por toda aquella esplanada dábamos cuentas de unos extraordinarios sandwiches recién preparados. Justo a la salida del museo hay un puesto ambulante de bebidas, cafés y pasteles, allí compramos algo de beber y un café para completar el ágape.
Tras comer y dejar todo como los chorros del oro nos fuimos camino del Bateaux para dar un paseo por el Sena. Alcanzada la rivera del Sena, nos fuimos a coger los billetes, aquí tuvimos un poco de mala suerte ya que por dos personas no nos consideraron grupo y los descuentos por ello eran importantes. El precio para un adulto es de unos 10 euros y para los menores de 12 años 5 euros. No se puede visitar París y no pasear en barco por el Sena, se ve la ciudad de otra forma, las dos islas del Sena,.. la experiencia desde luego mereció la pena. Como la siguiente vista era el Museo D'Orsay decidimos llegar hasta él en el barco. Nos bajamos justo en frente del Museo.
De nuevo hicimos acopio de la Museum Pass y alla entramos todos. No creais que es mucha paliza ver dos museos de esta categoría el mismo día y con pocas horas de diferencia, son dos museos que no tienen nada que ver, ambos con personalidades diferentes y evidentemente de obligada visita. Eso de conformarse con visitar uno y no el otro, pues casi que no, nada tienen que ver. El Museo D'Orsay es del año 1900, pero en aquel tiempo no era tal museo sino una estación de tren, cubría la línea París - Orleans. En la decada de los 70 iba a ser destruido pero las protestas vecinales lo impidieron y fue convertido en Museo. Contiene la pintura de los impresionistas, además de escultura: Monet, Manet, Renoir, Cezane, Van Gogh,... auténticas maravillas llenas de luz para los sentidos. Un museo que merece muy mucho la pena, el tiempo se nos echaba encima porque ya casi era la hora del cierre, pero aun así pudimos verlo perfectamente. El museo abre todos los días a ecepción de: lunes y jueves desde las 9:30 hasta las 18:00, excepto el jueves que cierra las 21:45.
Tras la visita y como el cuerpo estaba cansado decidimos de nuevo dar otro paseo por el Sena, el billete que habíamos cogido con anterioridad lo volvimos a utilizar. El billete que coges para el paseo en barco es válido para todo el día, y pudes subir y baar las veces que quieras. Esta vez el paseo fue más largo, el barco nos llevo hasta la Isla de San Luis, y de ahi a la parada frente al Louvre. Hicimos una buena travesía en barco. Serían sobre las 19:30, la vuelta hacia el hotel la hicimos paseando por toda la Rue de Rivoli de nuevo subimos hacia la Plaza de Vendome de ahí nos fuimos a la Avenida de la Opera, antes de llegar al hotel paramos a tomar la necesaria cerveza.
Esa noche cenamos en algo parecido a una brasserie, nos pusimos buenos de carne que ya se echaba de menos. De vuelta al hotel y mientras tomabamos unos cafés planeamos la jornada del día siguiente. Al día siguiente había una división en cuanto a las visitas: unos iban a Disneyland y otros se quedaban en París.

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