El vuelo hacia París
estaba fijado para las 14:30, el vuelo 3774 de Easy Jet desde
el Aeropuerto Sa Carneiro de Oporto. La facturación
tenía hora límite hasta las 13:50. Pensando
en la comodidad del viaje decidimos desplazarnos hasta el
Aeropuerto en un autobús previamente alquilado.
En el aeropuerto y una vez facturadas las maletas, decidimos
comer algo, la llegada a París no sería hasta
las 17:30 y había que engañar un poco al hambre.
Un bocadillo y un refresco unos, una cerveza otros fue suficiente.
Tras la llamada a embarcar, un poco de espera haciendo cola,
pero tampoco demasiada y ya estábamos en la cabina
del Airbus de la compañía inglesa. Magnífico
despegue, magnífico vuelo (tiempo para una pequeña
cabezadita) y como no podía ser de otra manera magnífico
aterrizaje.
Llegamos a la terminal 3 del Paris de Gaulle (impresionante
aeropuerto), una vez recogido el equipaje y ya fuera de la
zona internacional esperamos a que llegasen unos miembros
de la expedición que llegaban en otro vuelo procedentes
de Madrid, llegaban a la terminal 2, la suerte o la casualidad
hizo que prácticamente ambos vuelos llegaran casi al
mismo tiempo. En poco más de diez minutos ya estábamos
todos juntos. La expedición se había completado,
en total 18 personas y como alguien más adelante apuntó,
18 ciudadanos libres e iguales.
Cogimos el roissibus, autobús que sale del aeropuerto
hacia el centro de París con una regularidad de unos
15, 20 minutos. Debido al tamaño de la expedición
tuvimos algún privilegio a la hora del pago de los
tickets. El viaje en autobús fue de unos 40 minutos
(a pesar de que el aeropuerto está cerca de París,
le lleva ese tiempo por las paradas que hace en todas las
terminales) y a medida que nos acercábamos a París
llovía de forma intermitente.
La parada del roissibus es en la rue Scribe a pocos metros
de la Plaza de la Opera. De la Plaza de la Opera a nuestro
hotel había una distancia de unos 400 metros. El paseo
hasta el hotel lo hicimos acompañado de un poco de
lluvia pero no mucha cosa.
Por fin llegamos, frente a nosotros estaba el Citadines Opera
Grands Boulevard, nuestro hotel, en la Rue Favart. Serían
sobre las 19:30. Nos dimos un margen de 45 minutos en el hotel,
para dejar las cosas y demás necesidades y a las 20:15
nos citamos en el hall del hotel.
Con puntualidad británica allí estábamos
todos a la hora fijada y dispuestos para nuestro primer día
(mejor, lo que quedaba de día) en París. No
llevábamos nada concreto en cuanto a visitas para ese
día, sólo suponía “tomar posesión”
de la ciudad. No llovía, perfecto, así que decidimos
ir a dar un paseo hasta la Plaza de la Opera. El Palais Garnier
(diseñada por Charles Garnier en tiempos de Napoleón
III) es un teatro impresionante en belleza, ofrecía
y sigue ofreciendo operas y conciertos música clásica.
Durante unos minutos nos maravillamos con la Plaza y con su
Palais. La calle por la que caminábamos era el
Boulevard Haussmann, menudo ambientazo que se veía,
los restaurantes a tope, los bares a tope, ir y venir de gente
por todos lados. Hablando de restaurantes ya hacía
hambre y nos pusimos a buscar un restaurante donde poder comer
algo. Comprobando la hora que era, ya no estaba la cosa para
muchos paseos, vimos un Pizza Hut y allí nos metimos,
los niños por un lado y los mayores por otro. Cena
típica italiana y unas cervecitas fue el menú
de esa noche.
Era tarde y como al día siguiente teníamos una
jornada importante en cuanto a dureza, decidimos que lo mejor
era regresar al hotel. Tras tomar un café en el hall
del hotel y comentar algo la jornada que estaba a punto de
finalizar nos fuimos a las habitaciones. La cita era al día
siguiente a las 9 en la puerta del Hotel, ya listos para salir.
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