La muerte del Rey Enrique
III de Francia el 2 de agosto de 1589 hizo recaer formalmente
la corona francesa sobre la cabeza de Enrique de Navarra,
pero sólo fue reconocido como rey por los hugonotes.
La Liga Católica, el Papa y el rey Felipe II de España
se niegan a reconocerle como Rey de Francia porque es protestante.
En tales condiciones, la Liga, reforzada por la ayuda de España,
le forzo a retirarse al sur del país y a convencerse
de que tendría que acceder al trono por la fuerza de
las armas. Aunque los protestantes consiguieron significativas
victorias, Enrique no pudo tomar París, ante la intervención
española al mando de Alejandro Farnesio.
Tras infructuosos esfuerzos, Enrique no logra hacerse con
París, y en un acto de realismo político, dio
ese paso el 25 de julio de 1593, se convierte al catolicismo
momento en el que se le atribuye la celebre frase "París
bien vale una misa" (en francés: Paris
vaut bien une messe). Con ello, quiere decir que en el fondo
siguió siendo calvinista, disfrazado de católico
solo par obtener el poder.
Enrique IV de Francia y III de Navarra (1553-1610)
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